9 de febrero de 2017

Homenaje al profesor Félix Gustavo Schuster

Queridos/as colegas

La Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Sociología quiere homenajear al Profesor Félix Schuster, fallecido el 21 de enero próximo pasado.
Pensamos que la mejor manera de hacerlo es con las palabras de dos personas, integrantes de  nuestra asociación, que han  compartido distintos momentos de su vida.
De este modo también queremos acompañar a su familia en estos difíciles momentos.

Bernardo Maresca                  Alicia Itatí Palermo
Secretario general                  Presidenta


Palabras de Liliana Gastrón
Integrante de la CD de la AAS
Directora del Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas, Universidad Nacional de Luján

La semana pasada, para más datos el sábado 21 se fue uno de los maestros de las ciencias sociales, el Profesor Félix Gustavo Schuster. Los mayores, lo hemos conocido y gozamos de sus clases y de sus lecturas. En mi caso particular, disfruté también de una amistad entrañable. Estuve presente acompañando a su familia (Elba, Graciela, Federico) en momentos muy difíciles para nuestra vida en el país, cuando él sufrió y sobrellevó con una entereza admirable su desaparición y posterior encarcelamiento. Era un grande!!!
Los más jóvenes seguramente lo habrán leído o conocerán a su hijo Federico, ex Decano de Sociales.
Un fuerte abrazo


Félix G. Schuster: In memoriam
Por Andrea L. Gastrón
Vicedirectora del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Derecho de la UBA  y asociada de la AAS.

            Una triste noticia enluta el ámbito de las ciencias sociales en nuestro medio: el fallecimiento del reconocido profesor, investigador y epistemólogo argentino Félix G. Schuster. En efecto, dicho fallecimiento ocurrió el pasado 21 de enero, en momentos en que, como suele ocurrir en esta época, las actividades propias del quehacer universitario se llaman a silencio.
            Son múltiples las razones académicas que, traducidas en enseñanzas, contribuciones y aportes, convocan a este merecidísimo homenaje (sin contar los importantes cargos de gestión universitaria que también supo ocupar), pero mencionarlas a todas es imposible en la práctica, y hacerlo sólo respecto de algunas implicaría una selección seguramente arbitraria, porque la profusión de su obra intelectual y la brillantez de sus ideas fueron tan vastas como los colegas y discípulos que tanto lo admiraron y a los que en gran medida contribuyó a formar. Además, en tiempos de internet, se trata de una tarea que difícilmente se justifique. Sin embargo, no podemos dejar de destacar que, entre sus reflexiones, la epistemología jurídica no ocupó un lugar menor, probablemente porque, acaso por mandato familiar, aprobó gran parte de la carrera de derecho (carrera que, por propia decisión y faltándole muy pocas materias para graduarse, decidió abandonar, para seguir una vocación por la filosofía que lo llevó a convertirse en el notable epistemólogo que luego devino).
            Por todo eso, prefiero mencionar aquí otro tipo de circunstancias, y evocarlo como el querido y fiel amigo que también era. Es que, por sobre todas las cosas, Félix Schuster supo ser noble, y un gran cultor de la amistad y el sentido del humor: así, se quejaba de que “por un número no me tocó el Premio Nobel” (su celda estaba junto a la de Adolfo Pérez Esquivel, cuando ambos fueron encarcelados durante la dictadura militar).
            Es probable que, como suele pasar con ciertas personas capaces de ver más allá que el común de los mortales, la figura de este señor bajito, de mirada celeste y penetrante y amante del ajedrez, se vaya agrandando con el tiempo, y que quienes lo recordamos en el Instituto Gioja de nuestra Facultad, generoso y agudo, relatemos sus clases como los fanáticos del deporte las míticas hazañas de sus héroes. O que alguna vez, al caminar por la porteñísima y muy filosófica calle Puan, nos crucemos con el mendigo al que solía recibir cuando decano, y con el cual sostenía diálogos de antología. O quién sabe, que al hablar de la explicación y la predicción científicas, no podamos contenernos, y hagamos saber a nuestros propios estudiantes que alguna vez lo conocimos, que escuchamos sus lecciones en vivo y en directo, que fuimos testigos admirados de sus escritos en el pizarrón. Es probable que, como a las caricaturas de Gardel, a sus espaldas alguna vez también les crezcan alas. En fin, es probable que, al cabo, ellos nos miren extrañados, y asuman que estamos fabulando.
            Pero nada de todo esto nos importará entonces, porque sobre las leyendas y los ángeles, lo más probable es que nadie nunca nos vaya a pedir cuentas...